REFLEXION DOMINICAL / SUNDAY REFLECTION

Nuestra cultura

A veces se piensa que las desventuras son un castigo o la voluntad misteriosa de Dios. La verdad es que la enfermedad es parte de la condición humana. El plan de Dios es la salud de todos y la participación en la vida de la comunidad por medio del servicio.

Reflexiones para la homilía

A veces decimos que la vida es una lucha; que hay que trabajar duro para salir adelante. Otras veces decimos que la vida es un camino. Nada es seguro, todo cambia y nosotros vamos también progresando internamente. Lamentamos con frecuencia lo rápido que pasa el tiempo y lo corta que es la vida. Otros dicen, ante las desgracias, “no somos nada”. Es como estar desarmado ante la dificultad e impotente para hacer algo. Se parece un poco a la actitud de Job. Hay iglesias que ofrecen una salida a esto y aseguran que pueden ayudarle a dejar de sufrir. A primera vista, la cosa parece fácil; pero sabemos que no es así́ de sencillo. Ser humano significa lidiar con el dolor, el sufrimiento y la muerte, así́ como con la alegría y el placer. La fe en Cristo no es un escape del dolor; más bien nos lleva a enfrentar la cruz del discípulo. Entonces, ¿qué se puede hacer? ¿No sería mejor morir o no haber vivido nunca? Frente a esa aparente desesperanza, se nos presenta otro modelo, el de Pablo, que quiere hacerse débil con los débiles y alegrarse con quienes se alegran, con el fin de llevarlos todos a Cristo. Cristo es la salud, aunque quizá́ no sea la del cuerpo. Jesús es la posibilidad de que la vida tenga sentido y de que no sea simplemente un tiempo sin objetivos, sin metas. No decimos que el sufrimiento se aleje, sino que se llena de sentido al verlo como oportunidad de servir a otros, de sembrar el bien, de dar testimonio. A veces a las personas les ocurren cosas lamentables y se preguntan si ése es el plan de Dios para ellas. No lo entienden hasta que descubren que su fe y valentı́a al enfrentar la realidad que les ha traı́do la vida ayudan a otros a tener esperanza. Jesús nos ofrece, como a Pablo y a la suegra de Pedro, la oportunidad de levantarnos y servir. Ahı́ está la verdadera vida, el sentido de todo. La vida parece corta y difı́cil; pero, cuando uno sale de sı́ para servir a otros en esperanza y alegrı́a, todo se llena de sentido. Cuando uno se aferra a la verdadera salvación en Jesús, todo se llena de frutos de vida. Jesús es la salud del cuerpo y del alma; pero la sanación de Dios no viene solamente con pedirla o como algo mágico. La salvación es aferrarse fuertemente a lo que de verdad no pasa, a la vida verdadera que no es corta. Esa

es la vida en la que de verdad ya no hay lágrimas ni sufrimiento:

la vida de Dios.

Para la reflexión

¿Cómo me enfrento a las dificultades en mi vida? ¿Me quejo, protesto y me desespero o trato de buscar el sentido de la vida para mı́ mismo y para los demás?


Our Culture

Sometimes we think that misfortunes are a punishment or the mysterious will of God. The truth is that sickness is part of the human condition. God’s plan is for everyone to be healthy and able to participate in the life of the community through their service.

Homily Reflection

We sometimes say that life is a struggle; that we have to work hard to get ahead. Other times we say that life is a journey. Nothing is for sure, everything changes and we are also progressing internally. Frequently, we regret how fast times passes and how short life really is. Some, facing misfortunes, say, “we are nobody.” It is as if one is disarmed in front of difficulty and feels powerless to do anything. It seems a little like the attitude of Job. There are churches that offer a way out of this and claim that they can help you stop suffering. At first glance, it seems to be an easy thing; but we know it is not that simple. To be human means to deal with pain, suffering, and death, as well as with joy and pleasure. Faith in Christ is not necessarily an escape from pain; rather it brings us to deal with the cross of the disciple. Then, what can be done? Wouldn’t it be better to die or never have lived? With this apparent hopelessness, we are presented another model, the one from Paul, who wants to become weak with those who are weak and rejoice with those who are happy, in order to bring them all to Christ. Christ is health, although perhaps not of the body. Jesus is the possibility that life has meaning and that it is not just a time without objectives, without goals. We do not say that suffering goes away, but that it is filled with meaning when seen as an opportunity to serve others, to sow good, to bear witness. Sometimes, deplorable things happen to people and they wonder this is God’s plan for them. They do not understand it until they discover that their faith and courage to face the reality that life has brought help others to have hope.Jesus offers us, as Paul and Peter’s mother-in-law, the opportunity to be lifted and serve. Herein is true life, the meaning of everything. Life seems short and difficult; but, when you come out of yourself to serve others in hope and joy, everything is filled with meaning. When one clings on to the true salvation in Jesus, everything is filled with the fruits of life. Jesus is the health of the body and soul; but God’s healing comes not only by asking for it or by magic. Salvation is to cling strongly to what really doesn’t pass, to the true life that is not short. That is the life in which there are truly no longer any tears or suffering: the life of God.

CULTURA CATOLICA

Santa Josefina (Giuseppina) Bakhita
Esclava, religiosa, santa, de origen sudanés. Fiesta: 8 de febrero “Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa”. De su vida no se conocen datos exactos. Se cree que es de Olgossa en Darfur, y que nació en 1869. Vivió su infancia con sus padres, tres hermanos y dos hermanas, una de ellas su gemela. Su vida fue profundamente marcada cuando unos negreros llegaron a Olgossa y capturaron a su hermana. En su biografía escribió: “Recuerdo cuánto lloró mamá y cuánto lloramos todos”. También cuento su propia experiencia al encontrarse con los buscadores de esclavos. Cuando aproximadamente tenía nueve años, paseaba con una amiga por el campo y vimos de pronto aparecer a dos extranjeros, de los cuales uno le dijo a mi amiga: ‘Deja a la niña pequeña ir al bosque a buscarme alguna fruta. Mientras, tú puedes continuar tu camino, te alcanzaremos dentro de poco’. El objetivo de ellos era capturarme, por lo que tenían que alejar a mi amiga para que no pudiera dar la alarma. Sin sospechar nada obedecí, como siempre hacia. Cuando estaba en el bosque, me percaté que las dos personas estaban detrás de mí, y fue cuando uno de ellos me agarró fuertemente y el otro sacó un cuchillo con el cual me amenazó diciéndome: ‘Si gritas, morirás! Síguenos!'”. Fueron esos hombres quienes le pusieron el nombre Bakhita sin comprender a donde ella llegaría. Llevaron a Bakhita a El Obeid donde fue vendida a cinco distintos amos en el mercado de esclavos. Intentó escapar, pero sin éxito. Su cuarto amo fue el peor en sus humillaciones y torturas. Cuando tenía unos 13 años fue tatuada, le realizaron 114 incisiones y para evitar infecciones le colocaron sal durante un mes. Ella cuenta en su biografía: “Sentía que iba a morir en cualquier momento, en especial cuando me colocaban la sal”. El comerciante italiano Calixto Leganini compró a Bakhita en 1882.Era el quinto amo. Ella escribe: “Esta vez fui realmente afortunada porque el nuevo patrón era un hombre bueno y me gustaba. No fui maltratada ni humillada, algo que me parecía completamente irreal, pudiendo llegar incluso a sentirme en paz y tranquilidad”. Mucho le costó escribir su autobiografía en 1910, la cual fue publicada en 1930. En 1929 se le ordena ir a Venecia a contar la historia de su vida. Luego de la publicación de sus memorias, se hizo muy conocida y viajaba por toda Italia dando conferencias y recogiendo fondos para su congregación. Aunque la salud de Bakhita se fue debilitando hacia sus últimos años y quedó con mucho dolor en silla de ruedas, no dejó de viajar. Falleció el 8 de febrero de 1947 en Schio, siendo sus últimas palabras: “Madonna! Madonna!” Miles de personas fueron a darle el último adiós, expresando así el respeto y admiración que sentían hacia ella. Fue velada por tres días, durante los cuales, según cuenta la gente, sus articulaciones aún permanecían calientes y las madres cogían su mano para colocarla sobre la cabeza de sus hijos. Josefina se recuerda con veneración en Schio como “Nostra Madre Moretta”. Sus restos incorruptos fueron sepultados bajo el altar de la la iglesia del convento de Schio, Italia. Bakhita fué canonizada por S.S. Juan Pablo II el 1 de octubre del 2000. La historia de Bakhita es la de un continente. Ella sufrió graves males en manos de algunos cristianos pero su corazón no se cerró. Supo perdonar a los que la ultrajaron y descubrir que aquellos agravios, aunque cometidos por cristianos, son contrarios al camino de Jesús. Gracias a las religiosas encontró el verdadero rostro de Cristo y entró en Su Iglesia. Nada, ni los malos ejemplos, nos puede apartar del amor de Dios cuando le permitimos reinar en nuestro corazón. Bakhita nos deja este maravilloso testamento de perdón por amor a Cristo: “Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido esto, ahora no sería cristiana y religiosa”. El Papa la llamó “Nuestra Hermana Universal”.

CULTURA CATOLICA / CATHOLIC CULTURE

San Juan Bosco

(Becchi, 1815 – Turín, 1888) Santo y sacerdote italiano, también

llamado Don Bosco. Su niñez fue dura, pues después de perder a su padre, tuvo que trabajar sin descanso para sacar adelante la hacienda familiar. Se cuenta que aprendió a leer en cuatro semanas; quería estudiar para ser sacerdote, por lo que tenía que hacer todos los días a pie unos diez kilómetros (a veces descalzo, por no gastar zapatos) para ir a estudiar en el liceo de Chieri. Con el fin de pagar sus estudios trabajó en toda clase de oficios. Ordenado en 1841 y preocupado por la suerte de los niños pobres, particularmente por su imposibilidad de acceso a la educación, a partir de 1842 fundó el Oratorio de San Francisco de Sales. Estableció luego las bases de la Congregación de los sacerdotes de San Francisco de Sales, o salesianos (1851), aprobada en 1860, y de su rama femenina, el Instituto de Hijas de María Auxiliadora. Tales instituciones, dedicadas a la enseñanza de los niños pobres (a los que se formaba en diversos oficios y en la vida cristiana), se desarrollaron con rapidez gracias al impulse de uno de los grandes pedagogos del siglo XIX. La orden salesiana alcanza hoy en día 17.000 centros en 105 países, con 1.300 colegios y 300 parroquias, mientras que el instituto femenino de María Auxiliadora (las Hermanas Salesianas) posee 16.000 centros en 75 países, dedicados a la educación de la juventud pobre. Ya en vida de Don Bosco las instituciones por él fundadas llegaron a reunir más de cien mil niños pobres bajo su protección. Además de su labor educadora y fundadora, San Juan Bosco publicó más de una cuarentena de libros teológicos y pedagógicos, entre los cuales cabe destacar El joven instruido, del que se llegaron a publicar más de cincuenta ediciones y un millón de ejemplares sólo en el siglo XIX. El propio santo se encargó también de compilar y editar los llamados Sueños de Don Bosco, un total de 159 sueños en ocasiones premonitorios que tuvo a lo largo de su vida, el primero de ellos a los nueve años de edad. San Juan Bosco murió la madrugada del 31 de enero de 1888 en Turín. Durante tres días, la ciudad piamontesa desfiló ante su capilla ardiente, a cuyo entierro acudieron más de trescientos mil fieles. Fue beatificado en 1929 y canonizado en 1934; para su canonización se presentaron seiscientos cincuenta Milagros


JOHN BOSCO

(1815-1888)

Beatified 2-5-1929 – Canonized 1-4-1934

Born in Castlenuovo d’Asti on August 16, 1815, John was educated in the faith and in living according to the Gospel message by his mother. He was just nine years old when he had a dream, which called him to dedicate himself to the education of young people. While still a boy he began to entertain his peers with games alternated with work, prayer and religious education. On becoming a priest (1841) he chose as his life’s programme: “Da mihi animas cetera tolle” (“Give me souls, take all the rest” Gen. 14: 21). He began his apostolate among poor young people with the founding of the Oratory, which he placed under the patronage of St. Francis of Sales. He Led Young People to Meet Christ By means of his educational style and pastoral practice, based on reason, religion and loving kindness (the Preventive System) he led young people to reflect, to meet Christ and their brothers and sisters, to the study of the faith and to apostolic, civil and professional commitment. St. Dominic Savio stands out among the most outstanding fruits of his work. The source of his indefatigable activity and of the effectiveness of his work was his “constant union with God” and his unlimited confidence in Mary Our Help who he considered to be the inspiration and support of his whole work. WORK AND TEMPERANCE He left, as an inheritance for his Salesian sons and daughters, a form of religious life that was simple but founded on solid Christian virtue and on contemplation in action, which may be summed up in the words “work and temperance”. He sought his best collaborators among his young people, thus establishing the Society of St. Francis of Sales (Salesians). Together with St. Maria Domenica Mazzarello he founded the Institute of the Daughters of Mary Help of Christians (Salesian Sisters). Finally, together with good and hard-working lay men and women, he created the Salesian Cooperators to work alongside him and sustain the education of young people, thus anticipated.

 

Reflexion Dominical / Sunday Relfection

Nuestra Cultura:

A veces algunas personas no buscan superarse y estudiar más, por falta de reconocimiento de los talentos intelectuales que poseen; o no ofrecen sus talentos en su comunidad, porque no son conscientes de que los tienen.

Reflexiones para la homilía

Algunos maestros utilizan la Parábola de los Talentos para decirles a los alumnos que hay que estudiar más y esforzarse al máximo; y que usar nuestros talentos significa estar atentos y hacer bien nuestro trabajo.

Asimismo, se nos ha dicho que incluso en caso de que las cosas no se consigan fácilmente, debemos esforzarnos más, porque se nos ha dado la capacidad; y que hay que mirar a quienes lograban resultados aun con limitaciones y dificultad, para que ver cómo con sus talentos —los pocos que han recibido— logran más que algunos que han recibido mucho más, pero no lo aprovechaban bien.

La vida, nuestra personalidad, nuestras habilidades, la familia en que hemos nacido, los recursos y las oportunidades económicas que tenemos son dones y talentos.

Hoy Jesús nos recuerda que no debemos enterrar nuestros talentos; tenemos que ponerlos a trabajar; pero, ¿para qué? ¿Para lograr una vida mejor para nosotros? ¿Para tener más dinero? ¿Para ser felices y aprovecharnos de esos dones? Los talentos recibidos no son para nuestro disfrute personal, sino para los demás, para que vayamos construyendo el Reino de Dios aquí en la tierra.

Las mejores fiestas son aquellas en las que quienes van aportan algo.

Todos gozamos de todo y cada uno aporta lo que tiene o lo que sabe hacer; eso es poner los talentos al servicio de la fraternidad; y es lo que Jesús nos pide que hagamos en nuestra familia y nuestra comunidad.

Para la reflexión

¿Cuáles son mis talentos y habilidades? ¿Me los guardo para mí? ¿Cómo podría usarlos para el bienestar de los demás? ¿Pretendo a veces recibir y no dar?


Our Culture

Sometimes people fail to seek greater achievement and study more because they do not recognize the intellectual talents they possess; or they do not offer their talents in their community, because they are unaware that they have them.

Homily Reflection

Some teachers use the Parable of the Talents to tell their students that they needed to study more, to put in the maximum effort; and that to use our talents means paying attention and doing our job well.

Likewise, we have been told that even in case things do not come with ease, we have to put in greater effort because we have been given the ability; and that we must look at those who achieve results albeit with limitations and difficulty, so that we could see how with their talents—the little they received—they achieve more than those who have received much more but do not take advantage of it.

Life, our personality, our abilities, the family we have been born into, the economic resources and opportunities we have are all gifts and talents.

Jesus reminds us today that we must not bury our talents; we have to put them to work; but, to what purpose? To attain a better life for ourselves? To have more money? To be happy and benefit ourselves from these gifts? The talents received are not for our own personal enjoyment; they are given to help others, so that we can continue building

the Reign of God here on earth.

The best feasts are the ones where those who attend bring something.

Everyone enjoys everything and each one brings what they have and what they know how to do; this is putting talents in the service of the fraternity; and it is what Jesus asks us to do in our family and our community.

For Reflection

What are my talents and abilities? Do I keep them to myself? How can I use them in benefit of others? Do I sometimes seek to receive and not give?

 

 

Las Señales de Jesus / Signs from Jesus

 Hay que estar atentos a las señales de Jesús

Las señales son importantes. De igual manera que comprendemos el lenguaje, los signos nos dan fuertes mensajes y a veces comunican incluso más que las palabras. Un enamorado espera una señal de amor de su amada. Un hijo que tiene a un papá o mamá enfermo ,busca signos que le den esperanza de vida. Un hombre que ande por el desierto tiene los ojos bien abiertos para ver dónde hay signos de agua o de vida. Dame una señal, le decimos a Dios muchas veces.

Hay personas que ven señales de Dios en cosas que no lo son; es decir, podría ser que vieran una señal en algo que a toda vista es todo lo contrario a lo que quiere Dios. Buscamos señales, signos, luces que nos indiquen por dónde caminar o hacia dónde dirigirnos; a veces esa búsqueda es un escape de la necesidad de tomar una decisión. Espero que Dios me dé una señal sobre lo que tengo que hacer con mi vida y, como no llega, no hago lo que sé dentro de mi corazón que debería hacer. Quizá no haya visto que la señal es precisamente eso: la sed o el deseo del corazón, la inclinación a hacer algo al servicio de otros.

Hoy las lecturas nos dicen que la señal, la única señal que nos va a indicar todos nuestros caminos, es la venida de Jesús al mundo. El Hijo de Dios se hace hombre. Eso debería ser suficiente para indicarnos todos los caminos a Jesús; porque, si su vida fue de entrega a su Padre y de cumplimiento de su voluntad, así debe ser la nuestra; si su vida fue de servicio generoso, así debe ser la nuestra; si su vida fue de perdón y sanación, tal debería ser la nuestra. No nos hace falta más señal: Jesús, que viene al mundo, es camino, verdad y vida.

Para la reflexión:

¿Dónde suelo buscar luces para el camino? ¿Persigo algo alguna vez con entusiasmo solamente para darme cuenta más tarde de que ahí no está mi felicidad, ni la voluntad de Dios para mí? ¿Dónde puedo encontrar las señales que me indiquen por dónde caminar?


We Must Remain Alert to the Signs from Jesus

Signs are very important. In the same way we understand language, signs can sometimes provide powerful messages and sometimes they communicate even more than words do. A person in love waits for a sign of love of his or her beloved. A son whose parent is ill seeks signs to give him hopes of life. A man walking through the desert keeps his eyes open for signs of water or life. Give me a sign, we tell God many times.

There are people who see signs of God in things that are not really such signs; in other words, they might see a sign in something that is clearly the opposite of what God may want. We seek signs, symbols, lights to show us where to go or where we are heading; and sometimes this search may even become an escape from the need to make a decision. I expect God to give me a sign about what I should do with my life and, since I don’t see any, I don’t do what deep in my heart I feel should be done. Perhaps what I should see is that the sign is precisely the thirst or desire of the heart, the inclination to doing something in the service of others.

Today the readings tell us that the sign, the only sign that will show all our paths is the coming of Jesus into the world. The Son of God becomes a man. That should be enough to show us all the ways leading to Jesus; because, if his life was one of self-giving to God and fulfilling of God’s will, our life should be the same; if his life was one of generous service, such should be ours; if his life was one of forgiveness and healing, so should ours. We don’t need any more signs: Jesus, who comes into the world, is our way, truth and life.

For Reflection:

Where do I usually look for guidance in my journey of life? Do I sometimes engage enthusiastically in something to later discover that my happiness is not there and it is not God’s will for me? Where can I find signs to help me see the way that I must follow?

 

Octubre, Mes del Respeto a la Vida / October, Respect Life Month

Un mensaje del Cardenal Sean P. O’Malley Sobre Octubre: Mes del Respeto a la vida

Estimados amigos en Cristo: Uno de los deseos más profundos del corazón humano es descubrir nuestra identidad. A menudo, como sociedad y como individuos, nos identificamos según lo que hacemos. Basamos nuestro valor en lo productivos que somos en el trabajo o en la casa, y determinamos que nuestra vida es mejor o peor en base al grado de independencia o placer. Quizás incluso comencemos a pensar que si nuestra vida, o la de los demás, no “alcanza” ciertas expectativas es menos valiosa o menos digna de ser vivida. El Mes Respetemos la Vida es un buen momento para reflexionar sobre la verdad de quiénes somos. Nuestro valor no se basa en nuestras destrezas ni en nuestro nivel de productividad. Más bien, descubrimos nuestro valor cuando descubrimos nuestra verdadera identidad: el hecho permanente e inmutable de que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y se nos llamó a compartir un destino eterno junto a él. Debido a esto, absolutamente nada puede disminuir la dignidad que Dios nos dio y, por lo tanto, nada puede disminuir el incalculable valor de nuestra vida. Otros quizás no respeten dicha dignidad, y quizás incluso intenten socavarla, pero al hacerlo se distancian del tierno abrazo de Dios. La dignidad humana es para siempre. Ya sea que la vida dure un breve momento o cien años, la vida es sin duda un regalo perfecto. A cada paso y en cada situación, existimos gracias al amor de Dios. Un hombre mayor cuya salud se deteriora rápidamente; una niña en el vientre de su madre con un diagnóstico que indica que quizás no viva mucho; un pequeño con síndrome de Down; una madre que enfrenta un cáncer terminal; quizás tengan muchos problemas y necesiten nuestra ayuda pero cada una de esas vidas merece vivir. Cuando veamos sufrir a los demás, acerquémonos para abrazarlos con amor y permitir que Dios obre a través de nosotros. Esto tal vez implique hacer una pausa para escuchar; o tal vez ofrecer servicios de relevo o preparar comidas para una familia que enfrenta una enfermedad grave. Tal vez implique simplemente estar presente y disponible. Y, por supuesto, siempre implica rezar, presentar sus necesidades ante el Padre y rogarle que obre en sus vidas. Sufrir, o ver a otra persona sufrir, es una de las experiencias más difíciles. El miedo a lo desconocido puede tentarnos a tomar el control de maneras que ofenden nuestra dignidad y pasan por alto el respeto que cada persona merece. Pero no estamos solos. Cristo sufrió más de lo que podemos imaginar y nuestro sufrimiento puede ser significativo cuando lo unimos al suyo. En especial cuando atravesamos situaciones difíciles, se nos invita a aferrarnos a la esperanza de la Resurrección. Dios está con nosotros a cada paso del camino, concediéndonos la gracia que necesitamos. En momentos de sufrimiento, tengamos la valentía de aceptar la ayuda que los demás sinceramente quieren darnos y de ofrecer la ayuda que los demás necesitan. Fuimos hechos para amar y ser amados; debemos depender de los demás y servir al prójimo con humildad, caminando juntos en momentos de sufrimiento. Nuestras relaciones deben ayudarnos a crecer en el amor perfecto. Aprendamos a olvidarnos de nuestras expectativas de perfección y al contrario, aprendamos más a vivir según las expectativas de Dios, quien no nos llama a ser eficientes o exitosos materialmente, sino a amar con abnegación. Nos invita a abrazar cada vida durante todo su tiempo, nuestra vida y la de quienes ha puesto en nuestro camino. Cada vida merece vivir.


 

A message from Cardinal Sean P. O’Malley Regarding October: Respect Life Month

My dear friends in Christ: One of the deepest desires of the human heart is to discover our identity. So often, as a society and as individuals, we identify ourselves by what we do. We base our worth on how productive we are at work or at home, and we determine our lives to be more or less good depending on the degree of independence or pleasure. We may even begin to believe that if our lives, or those of others, don’t “measure up” to a certain standard, they are somehow less valuable or less worth living. Respect Life Month is a fitting time to reflect on the truth of who we are. Our worth is based not on our skills or levels of productivity. Rather, we discover our worth when we discover our true identity found in the unchangeable, permanent fact that we are created in God’s image and likeness and called to an eternal destiny with him. Because of this, absolutely nothing can diminish our God-given dignity, and therefore, nothing can diminish the immeasurable worth of our lives. Others may fail to respect that dignity—may even try to undermine it—but in doing so, they only distance themselves from God’s loving embrace. Human dignity is forever. Whether it lasts for a brief moment or for a hundred years, each of our lives is a good and perfect gift. At every stage and in every circumstance, we are held in existence by God’s love. An elderly man whose health is quickly deteriorating; an unborn baby girl whose diagnosis indicates she may not live long; a little boy with Down syndrome; a mother facing terminal cancer— each may have great difficulties and need our assistance, but each of their lives is worth living. When we encounter the suffering of another, let us reach out and embrace them in love, allowing God to work through us. This might mean slowing down and taking the time to listen. It might mean providing respite care or preparing meals for a family facing serious illness. It might mean simply being present and available. And of course, it always means prayer–bringing their needs before the Father and asking him to work in their lives. Experiencing suffering—or watching another suffer—is one of the hardest human experiences. Fear of the unknown can lead us into the temptation of taking control in ways that offend our dignity and disregard the reverence due to each person. But we are not alone. Christ experienced suffering more deeply than we can comprehend, and our own suffering can be meaningful when we unite it with his. Especially in the midst of trials, we are invited to hold fast to the hope of the Resurrection. God is with us every step of the way, giving us the grace we need. In times of suffering, let us have the courage to accept help that others genuinely want to give, and give the help that others need. We were made to love and be loved; we are meant to depend on one another, serving each other in humility and walking together in times of suffering. Our relationships are meant to help us grow in perfect love. Let us learn to let go of our own standards of perfection and instead learn more deeply how to live according to God’s standards. He does not call us to perfect efficiency or material success; he calls us to self-sacrificial love. He invites us to embrace each life for as long as it is given—our own lives and the lives of those he has placed in our paths. Every life is worth living.