Cómo Surgió el Rezo del Santo Rosario / A Brief History of the Rosary

El rezo del Santo Rosario surge aproximadamente en el año 800 cuando se creó el salterio de los laicos. En esa época los monjes rezaban los 150 salmos, pero como la mayoria de los laicos no sabían lee, se les enseño a rezar 150 Padres nuestros. Después se formaron otros tres salterios que incluían 150 Aves Marías, 150 alabranzas en honor de Jesús y 150 alabanzas en honor de María.

En el añ 1365 se combinaron los cuatro salterios. Se dividieron las 150 Aves Marías en 15 decenas y se puso un Padre nuestro al inicio de cada una de ellas. En 1500 se establecío, para cada decena, la meditación de un hecho de la vida de Jesús o María, y asi surgió el Rosario de quince misterios. En el año 2002 el Papa San Juan Pablo II introdujo los misterios luminosos. Con ello, se cuentan actualmente 20 misterios en el Santo Rosario.

La palabra Rosario significa “Corona de Rosas”. La Virgen María revelado a muchas personas que cada vez que rezan una Ave María le entrefan una rosa y por cada Rosario completo le entregan una corona de rosas. Así como la rosa es la reina de las flores, el Rosario es la rosade todas las devociones y, por lo tanto, es la más importante.

El Santo Rosario es considerado como la oración perfecta porque se meditan los principales misterios o hechos de la vida, muerte y gloria de Jesucristo y de su Santísima Madre. Estos están distribuidos en los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos.

El Rosario está compuesto por dos elementos: oración mental y oración verbal. La primera consiste en la meditación de los cuatro misterios. La oración verbal consiste en recitar las veinte decenas (Rosario completo) o cinco decenas del Ave María encabezadas por un Padre Nuestro.

Es una oracióm simple, humilde como María y que podemos rezar con ella. Con el Ave Maróa la invitamos a que rece por nosotros. Al unir su oración a la nuestra, esta se hace más poderosa porque la Virgen siempre recibe lo que ella pide.

Por otro lado en cada una de sus apariciones, nos invita a rezar el Rosario como un arma poderosa en contra del maligno, para traernos la verdadera paz.

La Santa Iglesia recibío el Rosario en su forma actual en el año 1214 de una forma milagrosa: La Virgen se apareció a Santo Domingo de Guzmán y se lo entregó como una arma poderosa para la conversión de los herejes y otros pecadores de esos tiempos. Además, le encomendó la tarea de propagar su devoción.

Esta cobró fuerza en la cristinadad tras la Batalla de Lepanto en 1571. Los musulamnes controlaban el Mar Mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana. Los Reyes católicos de Europa estaban divididos y parecían no darse cuenta de la amenaza inminente. El Papa Pio V pidió ayuda pero no le hicieron mucho caso hasta que el peligro se hizo muy real y la invasión musulmana se hizo certera.

El 17 de septiembre de 1569 el Papa pidío que se rezase el Santo Rosario. Para salvar a la crisstiandad se formó la Liga Santa, conformada por los Estados Papales, el Reino de España, la República de Venecia, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta.

El 7 de octubre de 1517 la Liga Cristiana, comandada por DonJuan de Austria, se enfrentó a la flota musulmana en el Golfo de Corinto, cerca de la ciudad griega de Lepanto el Santo Rosario para vencer a un enemigo superior en número y buques de guerra.

La batalla de Lepanto duró muchas horas pero, al final, los cristianos resultaron victoriosos. Mientras el combate naval transcurría, en Roma el Padre Pío V rezaba el Rosario en su capilla. De repente el Papa salió y, por aparente inspiración, anunció con gran calma a todos los presentes que la Santísima Virgen le había concedido la victoria a los cristianos.

Semanas más tarde llegó el mensaje de la victoria de parte de Don Juan de Austria, quien, desde un principio, atribuyó el triunfo de la Liga Cristiana a la poderosa intercesión de Nuestra Señora del Rosario.

Como agradecimiento a la Virgen María, el Papa Pío V instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias y agregó a las Letanías de la Santísima Virgen el título de ” Auxilio de los Cristianos”. Más adelante, el Papa Gregorio III cambió el nombre de la fiesta a la de Nuestra Señora del Rosario, que se celebra actualemnte el 7 de octubre.

La Batalla de Lepanto no fue la única vez donde la devoción al rezo del Santo Rosario se manifestó con poder. Un siglo más tarde, los turcos sitiaron Viena, la capital de Austria. Las fuerzas del enemigo esran superiores y su conquistaban la ciudad Europa caía. Ante esta posible desgracia, el emperador rogó a Nuestra Señora delRosario que los protegiera.

Hubo una sangrienta batalla cuando todo parecía perdido, llegó el rey de Polonia, Jan Sobieski, el 12 de septiembre de 1716, día de la fiesta del Santo Nombre de María, al mando de un éjercito cristiano y derrotó a los turcos.

También el 5 de agosto de 1716, el príncipe Eugenio de Saboya, comandante de los ejércitos cristianos, venció a los turcos. En aquel entoncesese día se celebraba la fiesta de Nuestra Señora de la Nieves.

El Papa Clemente atribuyó la victoria a la devoción manifestada a Nuestra Señora del Rosario. En acción de gracias, mandó que la fiesta del Santo Rosario fuera celebrada por la Iglesia universal.


October has long been the month dedicated to the Rosary. Pope St. Pius V established the feast of Our Lady of  the Rosary (October 7th) in 1573 to thank God for the victory of Christians over the Turks at Lepanto, a victory attributed to the praying of the rosary. Pope Clement XI expanded the feast to the universal Church in 1716. The dedication of the entire month to this devotion was officially established by Pope Pius XII in 1884. While devotion to this prayer wanted a bit in the years immediately after Vatican II, interest in this long-practiced devotion is experiencing a resurgence as the faithful rediscover the beauty and spiritual benefit of this meditative practice. The name “rosary” comes from the Latin “rosarium” which means “rose garden.” A rosary is widley considered a gift of roses to Our Blessed Mother in heaven.

The rosary has had a long history and gone through many stages of development. The use of prayer beads actually precedes the time of Christ. Hindus used them to help keep track of prayers said throughout the day. In the Christian tradition, early monastic orders would pray the 150 psalms daily. At first they would use 150 pepples in a small in a small pouch in order to keep track. This later developed into a string with 150 knots and finally a rope with 150 wooden beads. Members of the laity who did not necessarily know the psalms by heart wanted to have comparable version of this practice and so the tradition of praying 150 ” Our Fathers” each day was born. A similar string of beads was used to keep track of this as well. In time, the “angelic salutation” of Gabriel was added before each “Our Father”: “Hail Mary, full of grace, the Lord is with you.” Later on, Elizabeth’s greeting was added to this: “Blessed are you among women.” Still later, the prayer of “Holy Mary, Mother of God, pray for us sinners now and at the hours of our death” was added and the “Hail Mary” as we know it was developed.

Meanwhile in the year 1214, Mary appeared to St. Dominic and encouraged him to spread devotion to the rosary. She promised him that if he did so, he would be successful in converting the Albigensian and that his religious order that he founded would prosper. He spent the rest of his life encouraging other to pray the Rosary and founded a Rosary Confraternity to aid in this task. One hundred years later, Blessed Alan de la Roche picked up where Dominic’s work had ended. He divided the rosary into 10 “Hail Mary” decades preceded by the “Our Father.” In the 15th century the mysteries of the rosary were assigned to each of the decades.

This gave people an opportunity to reflect on Scripture while offering up the meditative prayer. In 1917, Our Lady appeared to three young shepherd children in Fatima, Portugal. She declared herself to be “Our Lady of the Rosary” and repeatedly urged the children to recite the rosary daily.

In more recent times, Pope John XXII taught that the Rosary must have a threefold purpose: “mystical contemplation, intimate reflection, and pious intention.”  On October 16, 2002, Pope John Paul II added new set of five mysteries to the rosary. Known as the “Luminous Mysteries” or “The Mysteries of Light”, they focus on Jesus’ public ministry. In his apostolic letter “The Rosary of the Virgin Mary”, he wrote that “The rosary, though clearly Marian in character, is at a heart a Christ-centered prayer. It has all the depth of the gospel message in its entirely. It is an echo of the prayer of Mary, her perennial Magnificant for the work of the redemptive Incarnation which began in her virginal womb.”

Twelve Reasons from the Teaching of the Church for Wanting to Spend One Hour with Jesus in the Blessed Sacrament.

  1. You are greatly needed!

“The Church and the world have a great need of Eucharistic Adoration.” (Pope John Pual II, Dominicae Cenae)

 2. This is a personal invitation to you from Jesus.

“Jesus waits for us in this Sacrament of Love.” (Pope John Paul II, Dominicae Canae)

 3. Jesus is counting on you because the Eucharist is the center of life.

“Every member of the Church must be vigilant in seeing that the sacrament of Love shall be at the center of the life of the people of God so that through all the manifestations of worship due Him shall be given back love for love and truly become the life of our souls.” (Pope John Paul II, Redeemer of Man)

4. Your hour with Jesus in the Blessed Sacrament will repair for evils of the world and bring about peace on earth.

“Let us be generous with our time in going to meet Jeusu and ready to make reparation for the great evils of the world. Let your adoration never cease.” (Pope John Paul II, Dominicai Cenae)

5. Day and night Jesus dwells in the Blessed Sacrament because you are the most important person in the world to Him!

“Christ is reserved in our churches as the spiritual center of the heart of the community, the universal Church and all humanity, since within the veil of the species, Christ is contained, the Invisible Heart of the Church, the Redeemer of the world, the center of all hearts, by Him all things are and of whom we exist.” (Pope Paul IV, Mysterium Fidei)

6. Jesus wants you to do more than to go to Mass on Sunday.

“Our communal worship at Mass must go together with our personal worship of Jesus in Eucharistic adoration in order that our love may be complete.” (Pope John Paul II, Redeemer of Man)

7. You grow spiritually with each moment you spend with Jesus!

“Our esentials commitment in life is to preserve and advance constantly in Eucharistic life and Eucharistic piety and to grow spiritually in the climate of the Holy Eucharist.” (Pope John Paul II, Redeemer of Man)

8. The best time you spend on earth is with Jesus, your Best Friend, in the Blessed Sacrament!

“How great is the value of conversation with Christ in the Blessed Sacrament, for there is nothing more consoling on earth, nothing more efficacious for advancing along the road of holiness!” (Pope Paul VI, Mysterium Fidei)

9. Just as you can’t be exposed to the sun without receiving its rays, neither can you come to Jesus exposed in the Blessed Sacrament without receiving Divine Rays of His Grace, His Love, His Peace.

“Christ is truly the Emmanuel, this is God with us, day and night, His is in our midst. He dwells with us full of grace and truth. He restores morality, nourishes virtue, consoles the afflicted, strengthens the weak.” (Pope Paul VI, Mysterium Fidei)

10.  If Jesus were actually visible in church, everyone would run to welcome Him, but He remains hidden in the Sacred Host under the appearance of Bread, because He is calling us to faith, that was many come to Him in humility.

“The Blessed Sacrament is the “Living Heart” of each of our churches and it is our very sweet duty to honor and adore the Blessed Host, with out eyes see, the Incarnate Word, Whom they cannot see.” (Pope Paul VI, Credo of the People of God)

11. With transforming mercy, Jesus makes our heart one with His.

“He proposes His own example to those who come to Him, that all may learn to be like Himself, gentle and humble of heart, and to seek not their own interest but those of God.” (Pope Paul VI, Mysterium Fidei)

12. If the Pope himself would give you a special invitation to visit him in the Vatican, this honor would be nothing in comparison to the honor and dignity that Jesus Himself 

Bestows upon you with the Invitation of spending one hour with Him in the Blessed Sacrament.

“The Divine Eucharist bestows upon the Christian people the incomparable dignity.” (Pope Paul VI, Mysterium Fifei)

 

 

 

¿Qué es la Adoracion Eucarística?

¿Qué es la Adoracion Eucarística?

Siendo Jesucristo Dios y estando presente en la Eucaristia, entonces se le debe adoración.

Qué es adorar

Es la relción connatural del hombre con Dios, de la creatura inteligente con su Creador. Los hombres y los ángeles deben adora a Dios. En el cielo, toos, las almas bienaventuradas de los santos y los santos ángeles, adoran a Dios. Cada vez que adoramos no uimos al cielo y traemos nuestro pequeño cielo a la tierra. La adoración es el unico culto debido solmente a Dios. Cuando Satanás pretendió tentarlos a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos, todo el poder de este mundo si él lo adoraba. Satanás, en su soberbia de locura, pretende la adoración debida a Dios, Jesús le respondió con la Escritura: “Sólo a Dios adorarás y a Él rendirás culto.”

Qué es la adoración eucarística

Es adorar a la divina presencia real de Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en la Eucaristía.

Jesucrusto, al comer la Pascua judía con los suyos, aquella noche en la que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, dando gracias bendijo al Padre y lo pasó a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros”, al final de la cena, tomó el cáliz de mi sangre. Sangre de la Alianza Nueva y Eterna que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.”

Él dijo sore el pan: “Esto es mi cuerpo”, y sobreo el vino: “Esta es mi sangre.” Pero, no sólo eso, agrego también: ” Hacedesto en conmemoración mía.” Les dio a los apóstoles el mandato, “haced esto”, el mandato de hacer lo mismo, de repetir el gesto y las palabras sacramentales. Nacía así la Eucaristía y el sacerdocio ministerial.

Cada vez que le sacerdote pronuncia las palabras consagratorias es Jesucristo quien lo ha hecho y se hace presente su cuerpo ysu sangre, su Persona Divina. Porque Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Siento Jesucristo Dioas y estando presente en la Eucaristía, entonces se le debe adoración.

En la Eucaristía adoramos a Dios en Jesucristo, y Dios es Uno y Trino, proque en Dios no hay divisiones. Jesucrito es Uno con el Padre y el Espíritu Santo y, como enseña el Concilio de Trento, está verdaderamente, realmente, substancialmente presente en la Eucaristía.

 La Iglesia cree y confiesa que <<en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y substancialmente nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la aparencia de aquellas cosas sensibles.. (Trento 1551: Dz 874/1636)

La divina Presencia real del Señor, éste es el fundamento primero de la devoción y del culto al Santísimo Sacramento. Ahí está Cristo, el Señor, Dios y hombre verdadero, mereciendo absolutamente nuestra adoración y suscitándola por la acción de Espíritu Santo. No está, pues, fundada la piedad eucarística en un puro sentimiento, sino precisamente en la fe. Otras devocines, quizá, suelen llevar en su ejercicio una mayor estimulación de los sentidos – por ejemplo, el servicio de caridad a los pobres-; pero la devoción eucarística, precisamente ella, se fundamenta muy exclusivamente en la fe, en la pura fe sobre el Mysterium fidei por los tanto, ,,este culto de adoración se apoya en una razón seria y sólida, ya que ;a Eucaristía es a la vez sacrificio y sacramento, y se distingue de los demás en que no sólo comunica la graica, sino que encierra de un modo estable al mismo Autor de ella,

<<Cuando la Iglesia nos manda adorar a Cristo, escondido bajo los velos eucarísticos, y pedirle los dones espirituales y temporales que en todo tiempo necesitamos, manifiesta lala viva fe con que cree que su divino Esposo está bajo dichos velos, le exoresa su gratitud y goza de su íntima familiaridad>>(Mediator Dei 164).

El culto eucarístico, ordenado a los cuatro fines del santo Sacrificio, es culto dirigido al glorisos Hijo encarnado, que vive y reina con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Es, pues, un culto que presta a la santísima Trinidad la adoración que se le debe (+Dominicae Cenae 3)

La Eucaritstía es el mayor tesoro de la Iglesia ofrecido a todos para que todos puedan recibir por ella gricas abundantes y bendiciones. La Eucaristía es le sacramento del sacrificio de Cristo del que hacemos memoria y actualizamos en cada Misa y es también su presencia viva entre nosotros. Adorar es entrar en íntima relación con el Señor presente en el Santísimo Sacramento.

Adorar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento es la espuesta de fe y de amor hacia Aquel que siendo Dios se hizo hombre, hacia nuestro Salvador que nos ha amado hasta dar su vida por nsotros y que sigue amándonos de amor eterno. Es el reconocimiento de la misericordia y majestad del Señor, que eligío el Santísimo Sacramento para quedarse con nosotros hasta el fin de mundo.

El cristiano, adorando a Cristo reconoce que El es Dios, y el católico adorándolo ante le Santísimo Sacramento confiesa su presencia real y verdadera y substancial en la Eucarística. Los católicos que adoran no sólo cumplen con un acto sublime de devoción sino que también dan testimonio del tesoro más grande que tiene la Iglesia, el don de Dios mismo, el don que hace el Padre del Hijo, el don de Cristo de sí mismo, el don que viene por el Espíritu: la Eucaritía.

El culto eucarístico siempre es de adoración. Aún la comunión sacramental implica necesariamente la adoración. Esto lo recuerda el Santo Padre Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis cuando cita a san Agustin: “nadie coma de esta carne sin antes adorarla…pecríamos si no la adoráramos”(SC 66). En otro sentido, la adoración también es comunión, no sacramental pero sí espiritual. Si la comunión sacramental es ante todo un encuentro con la Persona de mi Salvador y Creador, la adoración eucarística es una prolongación de ese encuentro. Adorar es una forma sublime de premanecer en el amor del Señor.

Por tanto, vemos que la adoración no es algo facultativo, optativo, que se puede o no hacer, no es una devoción más, sino que es necesaria, es dulce obligación de amor. El Santo Padre Benedicto XVI nos recordaba que la adoración no es un lujo sino una prioridad. Quien adora da testimonio de amor, del amor recibido y de amor correspondido, y además da testimoni de su fe.

Ante el misterio inefable huelgan palabrs, sólo silencio adorante sólo presencia que le hable a otra presencia. Sólo el ser creado ante el Ser, ante el único Yo soy, de donde viene su vida. Es el estupor de quien sabe que ¡Dios está aquí! ¡Verdaderamente aquí!

Acabar Con Ataques de Odio, Sí Está Bien

Odio, odio constante maifestado en agresiones de todo tipo

La exigencia de acabar con los ataques y delitos de odio, con los discursos de odio, de intolerancia y otras expresiones semejanted, son permanentes entre quienes defienden las ideologías de “género”, el aborto, y la eutanasia. Pero haven un uso más que torcido de esas exigencias. ¿Qué sucede?

Para todo se habla de odio. Pero cuando la comunidad gay y sus defensores hablan de ello, normalmente se refieren a expresiones y actitudes que no aceptan sus ideologías. Cualquier disenso lo llaman odio. Ni siquiera quieren solamente que se toleren sus opiniones, exigen de una forma u otra que se acepten abiertamente como válidas, y gritan ¡odio!

Pero los defensores de la familia y matrimonio naturales, de la auténtica identidad de sexo, y del derecho a la vida no actúan por odio, sino por convicción de defender principios y derechos válidos por la historia de la humanidad.

Ante cualquier expresión de defensa de los valores tradicionales y de denuncia de lo que ven torcido en las ideologías de sexo (que llaman “género”) que va en contra de la propia naturaleza, gritan ¡odio!

Pero veamos en dónde hay verdadero odio, en palabras y acciones. Eso, constantemente viene de los enemigos de la familia, del matrimonio entre hombre y mujer, y de la vida.

Los ataques fisicos, desde gritos y empujones, hasta gran violencia física en contra de los defensores de la moral tradicional, que llega al homicidio, viene de los defensores de la ideologías de género”. Es una constante en emundo. A eso se suman los ataques a bienes de personas y organizaciones, desde las pintas insultantes hasta llegar al daño grave y el robo. Eso, eso sí… es odio.

Pero cuando se habla de evitar el ataque “de odio” en cualquiera de susformas, nunca, pero nunca se refieren a las agresiones de todo tipo que los defensores de las ideologías de sexo (género,” pues), hacen contra quiene se manifiestan pacificamente y dentro de la ley y la buena educación, ya sea en defensa de la moral natural o en descalificación razonada de dichas ideologías.

Las discusiones legislativas a favor de la vida, la familia y el matrimonio, enfrentan la inslencia y hasta la agresión física de quienes se les oponen. Tmabién es una constante. Especialmente cuando, con argumentos irrefutables, se oponen a las ideologías de sexo, y eso porque no tiene argumentos, así que recurren a la violencia.

El odio en su constante ejercicio de parte de quiene desean imponer sus ideologías de sexo, y eso porque no tiene argumentos, así que recurren a la violencia.

El odio en su constante ejercicio de parte de quienes desean imponer sus ideologías de sexo a la sociedad y dentro de las leyes. Odio, odio constante manifestado en agresiones de todo tipo.

Ahora bien, que hay también personas que odian a los homosexuales, a las lesbianas y sus costumbres, y que los insutan y agreden… sí los hay, pero son muy pocos, y nunca apoyados en sus malas acciones (de odio), por quienes defienden la moral natural civilizadamente. Al contrario, se intenta hacerlos entrar en razón, en no al odio.

Una de las formas de actuar con odio, es recurir a la mentira, difamando personas inventándoles delitos que nunca han cometido, para verlos en la cárcel y liberarse de ellos. La difamación hecha falsas denuncias y perjurios cuando se reuqieren, va tanto en contra de clérigos como de seglares, de cristianos, judíos, musulmanes o ateos declarados, convencidos de los grnades valores sociales, la familia, el matrimonio y la vida.

Y no hay manera de esconder los actos de odio que cometen los enemigos de la moral que tiene la misma historia de la humanidad. Es más, raramente se esconden para actuar con violencia, salvo algunos destrozos y robos hechos a escondidas. No les imprta hacer el ridículo cuando se presentan grotescamente desvestidos y pintrrajeados y con carteles insultantes en plena calle, pero no les acepta, no les parecen actos de odio. Y bien saben que es odio flagrante.

Es tanto, los atacadores recurren a la presentación de sus argumentos a favor de la vida, la familia y el matrimonio naturales, buscan el diálogo, que no les es aceptado a menos que sea intercambio de argumentos contra insultos de su contraparte, pues argumentos… esos… no los tienen, o los que presentan son fácilmente echados abajo por inváalidos. Y ante eso, se van al odio activo, no resisten visceralmente perder una discusión o intento de diálogo.

¿A qué más recurren los defensores de la moral natural? A la educación, a una sana vida familiar, social y política, al respeto humano y mucho, mucho, a la oración. Y hasta cuando oran en público son objeto de violencia…de odio.

Sí claro… hay que acabar con el odio en odas sus manifestaciones, en especial las más violentas, esas que llegan hasta el homicidio. Acabar con esos hechos de odio de los que desedperadamente tratan de imponer, a toda costa, las ideologías de sexo en una sociedad con calores morales. Acabar con la intolerancia de odio de partidarios de ideologías de sexo y que exigen una tolerancia que no practican.

Sí, sí, que se acabe el odio… que los defensores de las ideologías de “género dejen de manifestarse y atacar con odio e intenten hacerlo civilicadamente. Y que esta situación la vean y la reconozcan  sus civilizadamente. Y que esta situación la vean y la reconozcan sus defensores institucionales, legisladores, académicos y más que intentan imponer a la sociedad el aborto, la eutanasia y las ideologías de sexo o “género”, como ellos dicen). No al odio.

 

Ser Profeta

¿Qué es ser profeta? Es posible que nos imaginemos a personas que pueden predecir el futuro o hacer cosas extraordinarias. Algo así como los que leen las cartas del Tarot o anuncian el horóscopo; sin embargo, ser profeta de Dios es algo bien distinto y mucho más extraordinario que el hacer todos esos prodigios que parecemos a veces esperar de los profetas. Es más extraordinario, porque es más heroico. Profeta es quien anuncia la palabra y la voluntad de Dios. Es quien cuestiona, desafía, advierte de los errores. Es también quien trae el consuelo y la esperanza de Dios para el pueblo. En general, el profeta es una persona incómoda, porque no siempre lo que dice es bien recibido. Más bien, muy pocas veces es bien recibido. Lo vemos en las lecturas de hoy, en Ezequiel, en Pablo, en el propio Jesús. Profetas, al estilo de Ezequiel, de Pablo y de Jesús, los tenemos constantemente alrededor. Lo difícil es reconocerlos, aceptarlos y escucharlos. Son personas normales, que viven cerca de nosotros pero que, con sus palabras o acciones, nos traen, por un lado la bondad y la Buena Noticia de Dios, y por otro la luz de ver en qué cosas nuestra propia vida no se ajusta a esa bondad y Buena Nueva. Función de los profetas es anunciar y denunciar; y eso a menudo incomoda. Al traer la palabra y el mensaje de Dios a nuestras vidas, muchas veces los profetas nos hacen ver dónde están nuestros errores, grandes o pequeños. Los desvíos en que, sin casi darnos cuenta, hemos caído. También nos desafían a mayores cosas y, posiblemente a algo que, aunque sea muy pequeño, puede ser heroico para nosotros, porque nos obligaría a salir de nosotros mismos, de nuestra comodidad y rutina. Algo como ocuparse más de otro, algo como escuchar las preocupaciones de los demás y ponerlas por delante de las propias. Es verdad que Jesús estaba “fuera de sí”. En el sentido más literal de la palabra, el profeta tiene que estar “fuera de sí”, no loco, sino sabio con la sabiduría de Dios que pide vivir para los demás en lugar de para uno mismo. No es fácil. Tendemos, por la naturaleza humana, a pensar primero en los propios intereses y las propias necesidades. Los profetas, “fuera de sí”, invitan a sacar el centro de nosotros mismos y ponerlo primero en Dios y luego en los demás. No se trata de nada que no hayamos escuchado mil veces en los Diez Mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma y todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo”; sin embargo, llevarlo a cabo, es lo que resulta extraordinario y heroico, porque pide una consciencia diaria entregada a los demás, y porque exige mucho sacrificio propio. Al invitarnos a salir fuera de nosotros mismos, los profetas nos invitan al mismo tiempo a nuestra profunda identidad cristiana. Como bautizados somos profetas, sacerdotes y reyes. Casi nada. Nos llaman a lo extraordinario dentro de nuestras vidas, que nos pueden resultar “ordinarias”. Ser profeta, es decir, estar “fuera de sí” en la vida normal, tiene un precio. A algunos les parecerá que somos tontos, locos o sin sentido de la vida. A algunos profetas también los han perseguido. Es difícil, pero a todos los profetas se les ha prometido —y cumplido— algo muy especial. Es la palabra del Señor que estará siempre con ellos y pondrá las palabras adecuadas en su boca. No tengan miedo, les dice.

Para la reflexión
¿En qué momentos siento que se me pide mucho? ¿Pongo condiciones para hacerlo? ¿Qué me mueve? ¿Alguna vez me he sentido criticado por hacer lo que pensaba que debía hacer?

VACACIONES ¿CON O SIN DIOS?

La vida cristiana, implica vivir según las bienaventuranzas. El verano no puede ser un paréntesis… El bañador, las gafas de sol, una novela de intriga, una revista de crucigramas, algo de ropa (no mucha), desodorante, colonia… Todo entra en la maleta, antes de salir, por fin, de vacaciones. Todo… Bueno, algo tiene que quedarse en casa. Miramos a la estantería y salta, ante nuestros ojos, una Biblia. ¿La llevamos? Una voz nos susurra: “pesa mucho, además, vas de vacaciones, para disfrutar y descansar, que te lo mereces…” Existe el peligro de vivir el tiempo de verano como si Dios no existiese, como si la fe cristiana fuese sólo para los días ordinarios, para el trabajo, cuando los familiares, conocidos y amigos clavan sus ojos en nosotros y siguen cada uno de nuestros movimientos. Las vacaciones, piensan algunos, se viven para olvidar deberes pesados, responsabilidades difíciles, normas oprimentes. Incluso hay quienes olvidan o quieren olvidar esa lista de mandamientos que Dios nos dio por medio de Moisés y que marcan nuestro camino de fidelidad a Cristo. Buscan hacer “vacaciones de Dios”, o, incluso, mandan a Dios “de vacaciones” para poder disfrutar unos días según lo que se les antoje en cada momento. El cristiano, sin embargo, no puede tomarse vacaciones de sus compromisos espirituales. Pensar en el verano como una especie de tiempo sin ley, donde uno se echa unas cuantas canas al aire y se permite películas, bailes o bebidas que pueden ser peligrosas, es simplemente no entender el tesoro tan estupendo que llevamos entre manos. No es justo arriesgarse a perder, en unos días, la amistad con Dios que llamamos “estado de gracia”. La vida cristiana, no lo olvidemos, es el tesoro más grande que Dios nos ha dado. Implica vivir según las bienaventuranzas, pensar en los demás, ayudar a los pobres, ser fieles a los compromisos familiares y sociales. El verano no puede ser un paréntesis, un momento en el que dejemos volar los instintos a donde nos lleven, incluso tal vez a algún que otro pecado grave. No pensemos sólo en el campo sexual, donde ya de por sí somos tentados durante casi todo el año. También se puede aplicar al verano la parábola del pobre Lázaro a las puertas del rico (que llamamos, ya por costumbre, Epulón): habrá algún necesitado que nos pida ayuda, y el pensar en los otros vale también cuando uno está en la playa o en la montaña. Igualmente, hay vírgenes necias que, en verano, son sorprendidas por la llegada del esposo, y no tienen aceite en sus alcuzas. La muerte no avisa, y no es de psicóticos estar preparados al encuentro del Señor. Y los dones que Dios nos ha dado (salud, alegría, optimismo, energías físicas y espirituales) no son para ser guardados durante las semanas de descanso: también nos pueden pedir cuenta de lo que hayamos hecho o dejado de hacer con ellos estos días en los que alguno se siente con más ganas de acariciar las sábanas que de dedicarse a ayudar a la familia en las pequeñas cosas de todos los días (también en verano). Pero ver el verano sólo como un momento de relax lleno de tentaciones es injusto para con nosotros mismos y para con el mismo Dios. Cuando disponemos de más tiempo libre, cuando los momentos de descanso son abundantes, podemos dedicarnos con mayor serenidad a tantas actividades que embellecen el corazón, que nos acercan a Dios. Ir un rato a una iglesia o al cementerio más cercano para rezar, sin prisas, sin relojes. Pasear los ojos en las plantas con las que Dios nos permite asomarnos a su imaginación inagotable. Escuchar con esperanza los gritos de unos niños que luchan por mantener en pie, frente a las olas, un castillo de arena frágil
como la vida de cada hombre y mujer en este planeta de emociones y sorpresas. Seguir con la mirada el vuelo de un murciélago que todas las tardes busca y consigue la comida para su existencia efímera. Mil oportunidades nos permiten reflexionar sobre tantas cosas importantes: nuestra familia, nuestras amistades, nuestros sueños más profundos, quizá aún irrealizados.. Acabamos de preparar la maleta. Quizá no hubo espacio para la Biblia gruesa, pesada, más de adorno que de lectura. Pero pudimos apretar, entre un pijama y unos pantalones de paseo, un pequeño Evangelio o una “Imitación de Cristo”. Tendremos pequeños momentos para volver a leer verdades que nos salvan, que nos ponen ante lo único necesario. Cuando cada domingo, en la playa o en la montaña, busquemos una iglesia para ese encuentro deseado con Cristo en la Misa, podremos decirle que este verano, de verdad, no hemos hecho unas vacaciones sin Dios.

Catholic Culture / Cultura Catolica

CELEBREMOS EL:
TIEMPO ORDINARIO
En el Calendario Litúrgico
(P. Antonio Rivero L.C)

Este tiempo se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación. Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay. El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres… así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario. Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor! El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”. Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento. Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos? Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.


What is Ordinary Time?

The rhythm of the liturgical seasons reflects the rhythm of life — with its celebrations of anniversaries and its seasons of quiet growth and maturing. Ordinary Time, meaning ordered or numbered time, is celebrated in two segments: from the Monday following the Baptism of Our Lord up to Ash Wednesday; and from Pentecost Monday to the First Sunday of Advent. This makes it the
largest season of the Liturgical Year. In vestments usually green, the color of hope and growth, the Church counts the thirty-three or thirty-four Sundays of Ordinary Time, inviting her children to meditate upon the whole mystery of Christ – his life, miracles and teachings – in the light
of his Resurrection. If the faithful are to mature in the spiritual life and increase in faith, they must descend the great mountain peaks of Easter and Christmas in order to “pasture” in the vast verdant meadows of tempus per annum, or Ordinary Time. Sunday by Sunday, the Pilgrim Church marks her journey through the tempus per annum as she processes through time

Catholic Culture: Solemnity of the Body and Blood of Christ

The Solemnity of the Most Holy Body and Blood of Christ is also known as the Solemnity of Corpus Christi, which translates from Latin to “Body of Christ.” This feast originated in France in the mid‐thirteenth century and was extended to the whole Church by Pope Urban IV in 1264. It is celebrated on the Thursday following the Trinity Sunday or, as in the USA, on the Sunday following that feast. This feast calls us to focus on two manifestations of the Body of Christ: the Holy Eucharist and the Church. The primary purpose is to focus our attention on the Eucharist. The opening prayer at Mass calls our attention to Jesus’ suffering and death and our worship of Him, especially in the Eucharist. At every Mass our attention is called to the Eucharist and the Real Presence of Christ in it. The secondary focus of this feast is upon the Body of Christ as it is present in the Church. The Church is called the Body of Christ because of the intimate communion which Jesus shares with his disciples. He expresses this in the gospels by using the metaphor of a body in which He is the head. This image helps keep in focus both the unity and the diversity of the Church. The Feast of Corpus Christi is commonly used as an opportunity for public Eucharistic processions, which serves as a sign of common faith and adoration. Our worship of Jesus in His Body and Blood calls us to offer to God our Father a pledge of undivided love and an offering of ourselves to the service of others.

REFLEXION DOMINICAL / SUNDAY REFLECTION

Nuestra cultura

A veces se piensa que las desventuras son un castigo o la voluntad misteriosa de Dios. La verdad es que la enfermedad es parte de la condición humana. El plan de Dios es la salud de todos y la participación en la vida de la comunidad por medio del servicio.

Reflexiones para la homilía

A veces decimos que la vida es una lucha; que hay que trabajar duro para salir adelante. Otras veces decimos que la vida es un camino. Nada es seguro, todo cambia y nosotros vamos también progresando internamente. Lamentamos con frecuencia lo rápido que pasa el tiempo y lo corta que es la vida. Otros dicen, ante las desgracias, “no somos nada”. Es como estar desarmado ante la dificultad e impotente para hacer algo. Se parece un poco a la actitud de Job. Hay iglesias que ofrecen una salida a esto y aseguran que pueden ayudarle a dejar de sufrir. A primera vista, la cosa parece fácil; pero sabemos que no es así́ de sencillo. Ser humano significa lidiar con el dolor, el sufrimiento y la muerte, así́ como con la alegría y el placer. La fe en Cristo no es un escape del dolor; más bien nos lleva a enfrentar la cruz del discípulo. Entonces, ¿qué se puede hacer? ¿No sería mejor morir o no haber vivido nunca? Frente a esa aparente desesperanza, se nos presenta otro modelo, el de Pablo, que quiere hacerse débil con los débiles y alegrarse con quienes se alegran, con el fin de llevarlos todos a Cristo. Cristo es la salud, aunque quizá́ no sea la del cuerpo. Jesús es la posibilidad de que la vida tenga sentido y de que no sea simplemente un tiempo sin objetivos, sin metas. No decimos que el sufrimiento se aleje, sino que se llena de sentido al verlo como oportunidad de servir a otros, de sembrar el bien, de dar testimonio. A veces a las personas les ocurren cosas lamentables y se preguntan si ése es el plan de Dios para ellas. No lo entienden hasta que descubren que su fe y valentı́a al enfrentar la realidad que les ha traı́do la vida ayudan a otros a tener esperanza. Jesús nos ofrece, como a Pablo y a la suegra de Pedro, la oportunidad de levantarnos y servir. Ahı́ está la verdadera vida, el sentido de todo. La vida parece corta y difı́cil; pero, cuando uno sale de sı́ para servir a otros en esperanza y alegrı́a, todo se llena de sentido. Cuando uno se aferra a la verdadera salvación en Jesús, todo se llena de frutos de vida. Jesús es la salud del cuerpo y del alma; pero la sanación de Dios no viene solamente con pedirla o como algo mágico. La salvación es aferrarse fuertemente a lo que de verdad no pasa, a la vida verdadera que no es corta. Esa

es la vida en la que de verdad ya no hay lágrimas ni sufrimiento:

la vida de Dios.

Para la reflexión

¿Cómo me enfrento a las dificultades en mi vida? ¿Me quejo, protesto y me desespero o trato de buscar el sentido de la vida para mı́ mismo y para los demás?


Our Culture

Sometimes we think that misfortunes are a punishment or the mysterious will of God. The truth is that sickness is part of the human condition. God’s plan is for everyone to be healthy and able to participate in the life of the community through their service.

Homily Reflection

We sometimes say that life is a struggle; that we have to work hard to get ahead. Other times we say that life is a journey. Nothing is for sure, everything changes and we are also progressing internally. Frequently, we regret how fast times passes and how short life really is. Some, facing misfortunes, say, “we are nobody.” It is as if one is disarmed in front of difficulty and feels powerless to do anything. It seems a little like the attitude of Job. There are churches that offer a way out of this and claim that they can help you stop suffering. At first glance, it seems to be an easy thing; but we know it is not that simple. To be human means to deal with pain, suffering, and death, as well as with joy and pleasure. Faith in Christ is not necessarily an escape from pain; rather it brings us to deal with the cross of the disciple. Then, what can be done? Wouldn’t it be better to die or never have lived? With this apparent hopelessness, we are presented another model, the one from Paul, who wants to become weak with those who are weak and rejoice with those who are happy, in order to bring them all to Christ. Christ is health, although perhaps not of the body. Jesus is the possibility that life has meaning and that it is not just a time without objectives, without goals. We do not say that suffering goes away, but that it is filled with meaning when seen as an opportunity to serve others, to sow good, to bear witness. Sometimes, deplorable things happen to people and they wonder this is God’s plan for them. They do not understand it until they discover that their faith and courage to face the reality that life has brought help others to have hope.Jesus offers us, as Paul and Peter’s mother-in-law, the opportunity to be lifted and serve. Herein is true life, the meaning of everything. Life seems short and difficult; but, when you come out of yourself to serve others in hope and joy, everything is filled with meaning. When one clings on to the true salvation in Jesus, everything is filled with the fruits of life. Jesus is the health of the body and soul; but God’s healing comes not only by asking for it or by magic. Salvation is to cling strongly to what really doesn’t pass, to the true life that is not short. That is the life in which there are truly no longer any tears or suffering: the life of God.

REFLEXION DOMINICAL / SUNDAY REFLECTION

Nuestra cultura

Se habla mucho hoy día de la descristianización y secularización de países que en otros tiempos eran

cristianos. A menudo eso es una consecuencia del materialismo, que podría hacer pensar a algunos

que no necesitan a Dios.

Reflexiones para la homilía

En un mundo que parece tener remedios para todo, a veces podríamos estar poniendo nuestras esperanzas en la ciencia o en la política, para remediar nuestros males. Cuando la política no funciona podríamos frustrarnos o desilusionarnos. El problema es que quizá hayamos puesto nuestros ojos en lo que no puede responder totalmente a nuestras preguntas e inquietudes más profundas. Siempre buscaremos algo más que lo puramente material, que se acaba y quizá nos da un momento de placer, pero no lo que sabemos dentro de nosotros mismos que nos hace felices. Quizá en el pasado pensábamos, o nuestros padres, abuelos y maestros así nos lo dijeron, que Dios castigaba las malas acciones. Vemos hoy, sin embargo, que la infelicidad no es tanto un castigo de Dios sino una consecuencia natural de alejarse de él. Solo Dios es la fuente de alegría, vida y felicidad. El vivir como si Dios no existiera, apoyándose en dioses falsos como dinero, prestigio, política o progreso material conduce solo a una sensación terrible de desierto y vacío. Ese es el verdadero castigo, que no viene realmente de Dios, sino como consecuencia natural de haberse alejado del camino; y lo que es cierto, individualmente, lo es también para la sociedad en general. Vemos a diario las consecuencias de la ambición, la avaricia, el egoism y la competitividad. Se traducen en pobreza, recesión, luchas internas e incluso guerras. Estos no son castigos de Dios, sino frutos del pecado. El pecado es lo que aleja de Dios y tiende redes de esclavitud.


Our Culture

A lot is said today about the de-Christianization and secularization of countries that were Christian in previous times. This is often a consequence of materialism which could lead some to think that they do not need God.

Homily Reflection

In a world that seems to have a remedy for everything, sometimes we may be placing our hopes on science or politics, to remedy our maladies. When politics does not work, we may become frustrated or disillusioned. The problem is that perhaps we have placed our sight on what cannot respond totally to our most profound questions and restlessness. We will always look for something more than the purely material, which comes to an end and perhaps gives us momentary pleasure, but inside we know it is not what makes us happy. Perhaps in the past we use to think that God punishes evil actions, or maybe our parents, grandparents or teachers told us this; however, today we see that unhappiness is not so much a punishment from God as it is a natural consequence of growing away from him. Only God is the source of joy, life, and happiness. To live our lives as if God did not exists, leaning on the false gods of money, prestige, politics or material gains only leads to a terrible sensation of feeling deserted and empty. This is the true punishment, which really does not come from God, but as a natural consequence of having abandoned his way; and what is true for the individual is also true for society in general. Daily, we see the consequences of ambition, avarice, selfishness, and competitiveness. They translate into poverty, recession, internal battles, and even wars. These are not punishments from God, but the fruits of sin. Sin is what removes us from God and traps us in slavery.