Ser Profeta

¿Qué es ser profeta? Es posible que nos imaginemos a personas que pueden predecir el futuro o hacer cosas extraordinarias. Algo así como los que leen las cartas del Tarot o anuncian el horóscopo; sin embargo, ser profeta de Dios es algo bien distinto y mucho más extraordinario que el hacer todos esos prodigios que parecemos a veces esperar de los profetas. Es más extraordinario, porque es más heroico. Profeta es quien anuncia la palabra y la voluntad de Dios. Es quien cuestiona, desafía, advierte de los errores. Es también quien trae el consuelo y la esperanza de Dios para el pueblo. En general, el profeta es una persona incómoda, porque no siempre lo que dice es bien recibido. Más bien, muy pocas veces es bien recibido. Lo vemos en las lecturas de hoy, en Ezequiel, en Pablo, en el propio Jesús. Profetas, al estilo de Ezequiel, de Pablo y de Jesús, los tenemos constantemente alrededor. Lo difícil es reconocerlos, aceptarlos y escucharlos. Son personas normales, que viven cerca de nosotros pero que, con sus palabras o acciones, nos traen, por un lado la bondad y la Buena Noticia de Dios, y por otro la luz de ver en qué cosas nuestra propia vida no se ajusta a esa bondad y Buena Nueva. Función de los profetas es anunciar y denunciar; y eso a menudo incomoda. Al traer la palabra y el mensaje de Dios a nuestras vidas, muchas veces los profetas nos hacen ver dónde están nuestros errores, grandes o pequeños. Los desvíos en que, sin casi darnos cuenta, hemos caído. También nos desafían a mayores cosas y, posiblemente a algo que, aunque sea muy pequeño, puede ser heroico para nosotros, porque nos obligaría a salir de nosotros mismos, de nuestra comodidad y rutina. Algo como ocuparse más de otro, algo como escuchar las preocupaciones de los demás y ponerlas por delante de las propias. Es verdad que Jesús estaba “fuera de sí”. En el sentido más literal de la palabra, el profeta tiene que estar “fuera de sí”, no loco, sino sabio con la sabiduría de Dios que pide vivir para los demás en lugar de para uno mismo. No es fácil. Tendemos, por la naturaleza humana, a pensar primero en los propios intereses y las propias necesidades. Los profetas, “fuera de sí”, invitan a sacar el centro de nosotros mismos y ponerlo primero en Dios y luego en los demás. No se trata de nada que no hayamos escuchado mil veces en los Diez Mandamientos: “Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma y todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo”; sin embargo, llevarlo a cabo, es lo que resulta extraordinario y heroico, porque pide una consciencia diaria entregada a los demás, y porque exige mucho sacrificio propio. Al invitarnos a salir fuera de nosotros mismos, los profetas nos invitan al mismo tiempo a nuestra profunda identidad cristiana. Como bautizados somos profetas, sacerdotes y reyes. Casi nada. Nos llaman a lo extraordinario dentro de nuestras vidas, que nos pueden resultar “ordinarias”. Ser profeta, es decir, estar “fuera de sí” en la vida normal, tiene un precio. A algunos les parecerá que somos tontos, locos o sin sentido de la vida. A algunos profetas también los han perseguido. Es difícil, pero a todos los profetas se les ha prometido —y cumplido— algo muy especial. Es la palabra del Señor que estará siempre con ellos y pondrá las palabras adecuadas en su boca. No tengan miedo, les dice.

Para la reflexión
¿En qué momentos siento que se me pide mucho? ¿Pongo condiciones para hacerlo? ¿Qué me mueve? ¿Alguna vez me he sentido criticado por hacer lo que pensaba que debía hacer?

VACACIONES ¿CON O SIN DIOS?

La vida cristiana, implica vivir según las bienaventuranzas. El verano no puede ser un paréntesis… El bañador, las gafas de sol, una novela de intriga, una revista de crucigramas, algo de ropa (no mucha), desodorante, colonia… Todo entra en la maleta, antes de salir, por fin, de vacaciones. Todo… Bueno, algo tiene que quedarse en casa. Miramos a la estantería y salta, ante nuestros ojos, una Biblia. ¿La llevamos? Una voz nos susurra: “pesa mucho, además, vas de vacaciones, para disfrutar y descansar, que te lo mereces…” Existe el peligro de vivir el tiempo de verano como si Dios no existiese, como si la fe cristiana fuese sólo para los días ordinarios, para el trabajo, cuando los familiares, conocidos y amigos clavan sus ojos en nosotros y siguen cada uno de nuestros movimientos. Las vacaciones, piensan algunos, se viven para olvidar deberes pesados, responsabilidades difíciles, normas oprimentes. Incluso hay quienes olvidan o quieren olvidar esa lista de mandamientos que Dios nos dio por medio de Moisés y que marcan nuestro camino de fidelidad a Cristo. Buscan hacer “vacaciones de Dios”, o, incluso, mandan a Dios “de vacaciones” para poder disfrutar unos días según lo que se les antoje en cada momento. El cristiano, sin embargo, no puede tomarse vacaciones de sus compromisos espirituales. Pensar en el verano como una especie de tiempo sin ley, donde uno se echa unas cuantas canas al aire y se permite películas, bailes o bebidas que pueden ser peligrosas, es simplemente no entender el tesoro tan estupendo que llevamos entre manos. No es justo arriesgarse a perder, en unos días, la amistad con Dios que llamamos “estado de gracia”. La vida cristiana, no lo olvidemos, es el tesoro más grande que Dios nos ha dado. Implica vivir según las bienaventuranzas, pensar en los demás, ayudar a los pobres, ser fieles a los compromisos familiares y sociales. El verano no puede ser un paréntesis, un momento en el que dejemos volar los instintos a donde nos lleven, incluso tal vez a algún que otro pecado grave. No pensemos sólo en el campo sexual, donde ya de por sí somos tentados durante casi todo el año. También se puede aplicar al verano la parábola del pobre Lázaro a las puertas del rico (que llamamos, ya por costumbre, Epulón): habrá algún necesitado que nos pida ayuda, y el pensar en los otros vale también cuando uno está en la playa o en la montaña. Igualmente, hay vírgenes necias que, en verano, son sorprendidas por la llegada del esposo, y no tienen aceite en sus alcuzas. La muerte no avisa, y no es de psicóticos estar preparados al encuentro del Señor. Y los dones que Dios nos ha dado (salud, alegría, optimismo, energías físicas y espirituales) no son para ser guardados durante las semanas de descanso: también nos pueden pedir cuenta de lo que hayamos hecho o dejado de hacer con ellos estos días en los que alguno se siente con más ganas de acariciar las sábanas que de dedicarse a ayudar a la familia en las pequeñas cosas de todos los días (también en verano). Pero ver el verano sólo como un momento de relax lleno de tentaciones es injusto para con nosotros mismos y para con el mismo Dios. Cuando disponemos de más tiempo libre, cuando los momentos de descanso son abundantes, podemos dedicarnos con mayor serenidad a tantas actividades que embellecen el corazón, que nos acercan a Dios. Ir un rato a una iglesia o al cementerio más cercano para rezar, sin prisas, sin relojes. Pasear los ojos en las plantas con las que Dios nos permite asomarnos a su imaginación inagotable. Escuchar con esperanza los gritos de unos niños que luchan por mantener en pie, frente a las olas, un castillo de arena frágil
como la vida de cada hombre y mujer en este planeta de emociones y sorpresas. Seguir con la mirada el vuelo de un murciélago que todas las tardes busca y consigue la comida para su existencia efímera. Mil oportunidades nos permiten reflexionar sobre tantas cosas importantes: nuestra familia, nuestras amistades, nuestros sueños más profundos, quizá aún irrealizados.. Acabamos de preparar la maleta. Quizá no hubo espacio para la Biblia gruesa, pesada, más de adorno que de lectura. Pero pudimos apretar, entre un pijama y unos pantalones de paseo, un pequeño Evangelio o una “Imitación de Cristo”. Tendremos pequeños momentos para volver a leer verdades que nos salvan, que nos ponen ante lo único necesario. Cuando cada domingo, en la playa o en la montaña, busquemos una iglesia para ese encuentro deseado con Cristo en la Misa, podremos decirle que este verano, de verdad, no hemos hecho unas vacaciones sin Dios.

Catholic Culture / Cultura Catolica

CELEBREMOS EL:
TIEMPO ORDINARIO
En el Calendario Litúrgico
(P. Antonio Rivero L.C)

Este tiempo se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios Ordinario no significa de poca importancia, anodino, insulso, incoloro. Sencillamente, con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su preparación y su prolongación. Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte del año: 33 ó 34 semanas, de las 52 que hay. El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este Tiempo Ordinario vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios su Padre y de los hombres, le vemos ir y venir, desvivirse por cumplir la Voluntad de su Padre, brindarse a los hombres… así también nosotros en el Tiempo Ordinario debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la Voluntad Santísima de Dios. Esta es la gracia que debemos buscar e implorar de Dios durante estas 33 semanas del Tiempo Ordinario. Crecer. Crecer. Crecer. El que no crece, se estanca, se enferma y muere. Debemos crecer en nuestras tareas ordinarias: matrimonio, en la vida espiritual, en la vida profesional, en el trabajo, en el estudio, en las relaciones humanas. Debemos crecer también en medio de nuestros sufrimientos, éxitos, fracasos. ¡Cuántas virtudes podemos ejercitar en todo esto! El Tiempo Ordinario se convierte así en un gimnasio auténtico para encontrar a Dios en los acontecimientos diarios, ejercitarnos en virtudes, crecer en santidad…y todo se convierte en tiempo de salvación, en tiempo de gracia de Dios. ¡Todo es gracia para quien está atento y tiene fe y amor! El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la misa: “En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos”. Este Tiempo Ordinario se divide como en dos “tandas”. Una primera, desde después de la Epifanía y el bautismo del Señor hasta el comienzo de la Cuaresma. Y la segunda, desde después de Pentecostés hasta el Adviento. Les invito a aprovechar este Tiempo Ordinario con gran fervor, con esperanza, creciendo en las virtudes teologales. Es tiempo de gracia y salvación. Encontraremos a Dios en cada rincón de nuestro día. Basta tener ojos de fe para descubrirlo, no vivir miopes y encerrados en nuestro egoísmo y problemas. Dios va a pasar por nuestro camino. Y durante este tiempo miremos a ese Cristo apóstol, que desde temprano ora a su Padre, y después durante el día se desvive llevando la salvación a todos, terminando el día rendido a los pies de su Padre, que le consuela y le llena de su infinito amor, de ese amor que al día siguiente nos comunicará a raudales. Si no nos entusiasmamos con el Cristo apóstol, lleno de fuerza, de amor y vigor…¿con quién nos entusiasmaremos? Cristo, déjanos acompañarte durante este Tiempo Ordinario, para que aprendamos de ti a cómo comportarnos con tu Padre, con los demás, con los acontecimientos prósperos o adversos de la vida. Vamos contigo, ¿a quién temeremos? Queremos ser santos para santificar y elevar a nuestro mundo.


What is Ordinary Time?

The rhythm of the liturgical seasons reflects the rhythm of life — with its celebrations of anniversaries and its seasons of quiet growth and maturing. Ordinary Time, meaning ordered or numbered time, is celebrated in two segments: from the Monday following the Baptism of Our Lord up to Ash Wednesday; and from Pentecost Monday to the First Sunday of Advent. This makes it the
largest season of the Liturgical Year. In vestments usually green, the color of hope and growth, the Church counts the thirty-three or thirty-four Sundays of Ordinary Time, inviting her children to meditate upon the whole mystery of Christ – his life, miracles and teachings – in the light
of his Resurrection. If the faithful are to mature in the spiritual life and increase in faith, they must descend the great mountain peaks of Easter and Christmas in order to “pasture” in the vast verdant meadows of tempus per annum, or Ordinary Time. Sunday by Sunday, the Pilgrim Church marks her journey through the tempus per annum as she processes through time

Catholic Culture: Solemnity of the Body and Blood of Christ

The Solemnity of the Most Holy Body and Blood of Christ is also known as the Solemnity of Corpus Christi, which translates from Latin to “Body of Christ.” This feast originated in France in the mid‐thirteenth century and was extended to the whole Church by Pope Urban IV in 1264. It is celebrated on the Thursday following the Trinity Sunday or, as in the USA, on the Sunday following that feast. This feast calls us to focus on two manifestations of the Body of Christ: the Holy Eucharist and the Church. The primary purpose is to focus our attention on the Eucharist. The opening prayer at Mass calls our attention to Jesus’ suffering and death and our worship of Him, especially in the Eucharist. At every Mass our attention is called to the Eucharist and the Real Presence of Christ in it. The secondary focus of this feast is upon the Body of Christ as it is present in the Church. The Church is called the Body of Christ because of the intimate communion which Jesus shares with his disciples. He expresses this in the gospels by using the metaphor of a body in which He is the head. This image helps keep in focus both the unity and the diversity of the Church. The Feast of Corpus Christi is commonly used as an opportunity for public Eucharistic processions, which serves as a sign of common faith and adoration. Our worship of Jesus in His Body and Blood calls us to offer to God our Father a pledge of undivided love and an offering of ourselves to the service of others.

REFLEXION DOMINICAL / SUNDAY REFLECTION

Nuestra cultura

A veces se piensa que las desventuras son un castigo o la voluntad misteriosa de Dios. La verdad es que la enfermedad es parte de la condición humana. El plan de Dios es la salud de todos y la participación en la vida de la comunidad por medio del servicio.

Reflexiones para la homilía

A veces decimos que la vida es una lucha; que hay que trabajar duro para salir adelante. Otras veces decimos que la vida es un camino. Nada es seguro, todo cambia y nosotros vamos también progresando internamente. Lamentamos con frecuencia lo rápido que pasa el tiempo y lo corta que es la vida. Otros dicen, ante las desgracias, “no somos nada”. Es como estar desarmado ante la dificultad e impotente para hacer algo. Se parece un poco a la actitud de Job. Hay iglesias que ofrecen una salida a esto y aseguran que pueden ayudarle a dejar de sufrir. A primera vista, la cosa parece fácil; pero sabemos que no es así́ de sencillo. Ser humano significa lidiar con el dolor, el sufrimiento y la muerte, así́ como con la alegría y el placer. La fe en Cristo no es un escape del dolor; más bien nos lleva a enfrentar la cruz del discípulo. Entonces, ¿qué se puede hacer? ¿No sería mejor morir o no haber vivido nunca? Frente a esa aparente desesperanza, se nos presenta otro modelo, el de Pablo, que quiere hacerse débil con los débiles y alegrarse con quienes se alegran, con el fin de llevarlos todos a Cristo. Cristo es la salud, aunque quizá́ no sea la del cuerpo. Jesús es la posibilidad de que la vida tenga sentido y de que no sea simplemente un tiempo sin objetivos, sin metas. No decimos que el sufrimiento se aleje, sino que se llena de sentido al verlo como oportunidad de servir a otros, de sembrar el bien, de dar testimonio. A veces a las personas les ocurren cosas lamentables y se preguntan si ése es el plan de Dios para ellas. No lo entienden hasta que descubren que su fe y valentı́a al enfrentar la realidad que les ha traı́do la vida ayudan a otros a tener esperanza. Jesús nos ofrece, como a Pablo y a la suegra de Pedro, la oportunidad de levantarnos y servir. Ahı́ está la verdadera vida, el sentido de todo. La vida parece corta y difı́cil; pero, cuando uno sale de sı́ para servir a otros en esperanza y alegrı́a, todo se llena de sentido. Cuando uno se aferra a la verdadera salvación en Jesús, todo se llena de frutos de vida. Jesús es la salud del cuerpo y del alma; pero la sanación de Dios no viene solamente con pedirla o como algo mágico. La salvación es aferrarse fuertemente a lo que de verdad no pasa, a la vida verdadera que no es corta. Esa

es la vida en la que de verdad ya no hay lágrimas ni sufrimiento:

la vida de Dios.

Para la reflexión

¿Cómo me enfrento a las dificultades en mi vida? ¿Me quejo, protesto y me desespero o trato de buscar el sentido de la vida para mı́ mismo y para los demás?


Our Culture

Sometimes we think that misfortunes are a punishment or the mysterious will of God. The truth is that sickness is part of the human condition. God’s plan is for everyone to be healthy and able to participate in the life of the community through their service.

Homily Reflection

We sometimes say that life is a struggle; that we have to work hard to get ahead. Other times we say that life is a journey. Nothing is for sure, everything changes and we are also progressing internally. Frequently, we regret how fast times passes and how short life really is. Some, facing misfortunes, say, “we are nobody.” It is as if one is disarmed in front of difficulty and feels powerless to do anything. It seems a little like the attitude of Job. There are churches that offer a way out of this and claim that they can help you stop suffering. At first glance, it seems to be an easy thing; but we know it is not that simple. To be human means to deal with pain, suffering, and death, as well as with joy and pleasure. Faith in Christ is not necessarily an escape from pain; rather it brings us to deal with the cross of the disciple. Then, what can be done? Wouldn’t it be better to die or never have lived? With this apparent hopelessness, we are presented another model, the one from Paul, who wants to become weak with those who are weak and rejoice with those who are happy, in order to bring them all to Christ. Christ is health, although perhaps not of the body. Jesus is the possibility that life has meaning and that it is not just a time without objectives, without goals. We do not say that suffering goes away, but that it is filled with meaning when seen as an opportunity to serve others, to sow good, to bear witness. Sometimes, deplorable things happen to people and they wonder this is God’s plan for them. They do not understand it until they discover that their faith and courage to face the reality that life has brought help others to have hope.Jesus offers us, as Paul and Peter’s mother-in-law, the opportunity to be lifted and serve. Herein is true life, the meaning of everything. Life seems short and difficult; but, when you come out of yourself to serve others in hope and joy, everything is filled with meaning. When one clings on to the true salvation in Jesus, everything is filled with the fruits of life. Jesus is the health of the body and soul; but God’s healing comes not only by asking for it or by magic. Salvation is to cling strongly to what really doesn’t pass, to the true life that is not short. That is the life in which there are truly no longer any tears or suffering: the life of God.

REFLEXION DOMINICAL / SUNDAY REFLECTION

Nuestra cultura

Se habla mucho hoy día de la descristianización y secularización de países que en otros tiempos eran

cristianos. A menudo eso es una consecuencia del materialismo, que podría hacer pensar a algunos

que no necesitan a Dios.

Reflexiones para la homilía

En un mundo que parece tener remedios para todo, a veces podríamos estar poniendo nuestras esperanzas en la ciencia o en la política, para remediar nuestros males. Cuando la política no funciona podríamos frustrarnos o desilusionarnos. El problema es que quizá hayamos puesto nuestros ojos en lo que no puede responder totalmente a nuestras preguntas e inquietudes más profundas. Siempre buscaremos algo más que lo puramente material, que se acaba y quizá nos da un momento de placer, pero no lo que sabemos dentro de nosotros mismos que nos hace felices. Quizá en el pasado pensábamos, o nuestros padres, abuelos y maestros así nos lo dijeron, que Dios castigaba las malas acciones. Vemos hoy, sin embargo, que la infelicidad no es tanto un castigo de Dios sino una consecuencia natural de alejarse de él. Solo Dios es la fuente de alegría, vida y felicidad. El vivir como si Dios no existiera, apoyándose en dioses falsos como dinero, prestigio, política o progreso material conduce solo a una sensación terrible de desierto y vacío. Ese es el verdadero castigo, que no viene realmente de Dios, sino como consecuencia natural de haberse alejado del camino; y lo que es cierto, individualmente, lo es también para la sociedad en general. Vemos a diario las consecuencias de la ambición, la avaricia, el egoism y la competitividad. Se traducen en pobreza, recesión, luchas internas e incluso guerras. Estos no son castigos de Dios, sino frutos del pecado. El pecado es lo que aleja de Dios y tiende redes de esclavitud.


Our Culture

A lot is said today about the de-Christianization and secularization of countries that were Christian in previous times. This is often a consequence of materialism which could lead some to think that they do not need God.

Homily Reflection

In a world that seems to have a remedy for everything, sometimes we may be placing our hopes on science or politics, to remedy our maladies. When politics does not work, we may become frustrated or disillusioned. The problem is that perhaps we have placed our sight on what cannot respond totally to our most profound questions and restlessness. We will always look for something more than the purely material, which comes to an end and perhaps gives us momentary pleasure, but inside we know it is not what makes us happy. Perhaps in the past we use to think that God punishes evil actions, or maybe our parents, grandparents or teachers told us this; however, today we see that unhappiness is not so much a punishment from God as it is a natural consequence of growing away from him. Only God is the source of joy, life, and happiness. To live our lives as if God did not exists, leaning on the false gods of money, prestige, politics or material gains only leads to a terrible sensation of feeling deserted and empty. This is the true punishment, which really does not come from God, but as a natural consequence of having abandoned his way; and what is true for the individual is also true for society in general. Daily, we see the consequences of ambition, avarice, selfishness, and competitiveness. They translate into poverty, recession, internal battles, and even wars. These are not punishments from God, but the fruits of sin. Sin is what removes us from God and traps us in slavery.

 

Jubileo de la Misericordia / Jubilee of Mercy

OBRAS DE MISERICORDIA

En esta temporada de cuaresma reflexionaremos cada domingo en una obra corporal y una espiritual de misericordia. Dar de beber al sediento Muchos de nuestros hermanos y hermanas en Cristo no tienen acceso a agua potable y sufren de la falta de esta necesidad básica. Debemos apoyar los esfuerzos de las personas que trabajan hacia una mejor accesibilidad de este recurso esencial.

  • Dona para ayudar a construir pozos de agua para los necesitados.
  • Organice un grupo de niños, adolescentes, y jóvenes para recoger agua embotellada y distribuirla en un refugio de familias.
  • Haga el esfuerzo de no desperdiciar agua. Cerrando la llave del agua al cepillarse los dientes o al lavar trastes ayuda, especialmente en las regiones afectadas por la sequía. Instruir a los Ignorantes Obtenga información acerca de nuestra fe y hable con otros acerca de nuestras creencias. Siempre hay algo más por descubrir acerca de nuestra fe.
  • Participar en una misión. ¿No hay tiempo? Dona para apoyar a alguien a ir a una misión.
  • Ser voluntario/a en alguno de los programas de educación religiosa en su parroquia.
  • Invitar a alguien a ir a misa con usted este fin de semana.

 

WORKS OF MERCY

For this Lenten Season we will reflect each Sunday on one corporal and one spiritual work of mercy. Give Drink to the thirsty Many of our brothers and sisters in Christ do not have access to clean water and suffer from the lack of this basic necessity. We should support the efforts of those working towards greater accessibility of this essential resource.

  • We take it for granted that we have access to clean water. Donate to help build wells for water for those in need.
  • Organize a group of children, youth and young adults to collect bottled water to distribute at a shelter for families.
  • Make an effort not to waste water. Remembering to turn off the water faucet when you are brushing your teeth or washing dishes can help, especially in regions suffering from drought. Instructing the Ignorant Learn about our faith and be open to talking with others about our beliefs. There is always something more to discover about our faith.
  • Go on a service trip or short term mission trip. No time? Donate to support someone on their service trip.
  • Volunteer to help with religious education programs at your parish.
  • Invite someone to go to mass with you this weekend.

Jubileo de la Misericordia / Jubilee of Mercy

OBRAS DE MISERICORDIA

En esta temporada de cuaresma reflexionaremos cada domingo en una obra corporal y una espiritual de misericordia.

Alimenta al hambriento: Hay muchas personas en este mundo que se quedan sin alimentos. Cuando gran parte de nuestros alimentos se desperdician, considere cómo las buenas prácticas de administración de sus propios hábitos alimenticios pueden beneficiar a los demás que no tienen los mismos recursos.

• Investigue, identifique y contribuya financieramente a organizaciones que sirven a los hambrientos.

• Trate de no comprar más alimentos de los necesarios. Si nota que usted tira comestibles a la basura cada semana, comprar menos comida eliminaría desperdicio y permitiría que done los ahorros a los necesitados.

Aconsejar al que duda: Todo el mundo tiene momentos de duda en su camino de fe. Sin embargo, siempre debemos recordar que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida y que debemos volver a El a lo largo de nuestro camino.

• “Escucha el consejo, y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días”. (Proverbios 19:20 )

• ¿Alguien le ha pedido consejo? Oriente su respuesta a Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

• Siga a Cristo con su testimonio de vida para que otros puedan ver el amor de Dios en sus acciones.

• Acompañe a un amigo que está luchando con unirse a un grupo parroquial para el servicio o la formación de la fe.


WORKS OF MERCY

For this Lenten Season we will reflect each Sunday on one corporal and one spiritual work of mercy. Feed the hungry: There are many people in this world who go without food. When so much of our food goes to waste, consider how good stewardship practices of your own food habits can benefit others who do not have those same resources.

• Research, identify and contribute financially to organizations that serve the hungry.

• Try not to purchase more food than you are able to eat. If you notice that you end up throwing groceries away each week, purchasing less groceries would eliminate waste and allow you to donate the savings to those in need.

Counseling the doubtful: Everyone has moments of doubt in their faith journey. Nevertheless, we should always remember that Christ is the Way, the Truth, and the Life and turn to him along our way.

• “Listen to counsel and receive instruction, that you may eventually become wise” (Prov 19:20).

• Has someone asked you for advice? Orient your response to Christ, who is the Way, the Truth, and the Life

• Follow Christ with the witness of your life so that others may see God’s love revealed in your actions.

• Accompany a friend who is struggling with believing to join a parish group for service or faith formation.

 

ENVIADOS EN MISIÓN / SENT ON MISSION

ENVIADOS EN MISIÓN

A la mayoría de nosotros, seguramente Dios no nos hablará de maneras extraordinarias, con revelaciones asombrosas o por medio de visiones; pero no hay duda de que Dios siempre habla y habla allí donde estemos. Isaías estaba en el templo y allí experimentó la presencia de Dios. Simón estaba en su barca y fue allí donde escuchó la llamada de Jesús a seguirle. ¿Cuántos de nosotros no hemos estado alguna vez contemplando un paisaje maravilloso, los primeros pasos de un bebé o a nuestros seres queridos, y no hemos sentido de manera extraordinariamente fuerte la presencia de Dios? Lo mismo nos puede ocurrir en cada uno de los momentos de nuestra vida en que se nos presenta una encrucijada en la que debemos tomar una decisión que puede afectarnos a nosotros mismos, nuestras familias, nuestros seres queridos o nuestros compañeros. Ahí, frecuentemente, está la voz de Dios; y la voz de Dios llama siempre a seguir su camino. Para algunos, esta llamada puede ser a constituir una familia cristiana y a trabajar honradamente, buscando siempre la verdad y la justicia en todo. Podría ser una llamada a vivir el sacramento del matrimonio escuchando conjuntamente la voz de Dios. También podría ser una llamada a optar exclusivamente por el servicio a Dios desde el sacerdocio, la vida religiosa o el compromiso total con la misión desde la vida soltera. Dios llama de diversas maneras y a diversos caminos, pero siempre llama. Lo importante es descubrir a qué nos llama a cada uno de nosotros: ¿dónde encontramos más frecuentemente la presencia de Dios? ¿Qué nos apasiona? ¿Dónde podemos encontrar la felicidad verdadera? ¿Qué nos da paz? ¿Qué nos desafía más allá de lo que pensábamos que podíamos hacer? ¿Qué estamos llamados a dejar atrás para alcanzar aquello a lo que Dios nos llama?

Para la reflexión ¿Cómo apoyo a mis hijos y demás miembros de mi familia para que escuchen y busquen la llamada de Dios en sus vidas y la sigan?


SENT ON MISSION

God surely does not speak in extraordinary ways, with astonishing revelations or through visions, to the great majority of us; but there is no doubt that God always speaks to us right where we are. Isaiah was in the temple when he experienced the presence of God. Simon was in his boat when he heard the calling from Jesus to follow. How many of us have contemplated a beautiful scenery or witnessed the first steps of a baby or our loved-ones and felt the presence of God in an extraordinarily powerful manner? The same can occur during those moments in our life when we reach a crossroad where the decision we make can affect us, our family, loved-ones, and companions. It is here where we frequently hear the voice of God; and the voice of God always calls us to follow his path. For some, this calling may be to build a Christian family and to work earnestly in our jobs and professions, seeking honesty, truth, and justice in everything we do. It could be a calling to live the sacrament of marriage, listening to the voice of God together; or to serve God exclusively from the priesthood and religious life or a complete commitment with the mission from the single life. God calls us in diverse ways and paths, but he always calls. The important thing is to discover where he is calling us to: where do we frequently encounter the presence of God? What are we passionate about? Where can we find true happiness? What gives us peace? What challenges us beyond what we thought we could do? What are we called to leave behind in order to achieve what Gods is calling us to do?

For Reflection How do I support my children and other family members so they can hear and seek God’s calling in their life, following it with all its consequences?

Jubileo de la Misericordia / Jubilee of Mercy

Jubileo de la Misericordia 

Como católicos, asumimos las prácticas cuaresmales de la oración, el ayuno y la limosna cada año. Estas prácticas nos ayudan a recordar el amor y compasión misericordiosos que Dios muestra a todas las personas. Participando en estas prácticas, viajamos hacia el arrepentimiento ante nuestra comunidad y Dios y hacia la celebración del Misterio Pascual de nuestro Señor. No hacemos este viaje solos. Toda la Iglesia se prepara para la celebración, y conjuntamente, junto con los que se preparan para entrar en la Iglesia en la Vigilia Pascual, tratamos de vivir más fielmente el llamado de Dios a ser misericordiosos, amorosos y compasivos con los que nos rodean. Nuestros actos de amor a través del sacrificio y la oración son un testimonio tangible del amor de Dios a los que nos rodean. 1. Dedique algún tiempo a reflexionar sobre porqué decide participar en la oración, el ayuno y la limosna de la Iglesia durante este tiempo de Cuaresma. La próxima vez que alguien le pregunte por qué no está comiendo el pollo el viernes en el comedor, estará mejor preparado para compartir su fe en Dios, que es misericordioso y compasivo.


Jubilee of Mercy

As Catholics we take up the Lenten practices of prayer, fasting, and almsgiving every year. These practices help us to remember the merciful love and compassion that God shows all people. Participating in these practices, we journey toward repentance with our community and God and toward the celebration of the Paschal Mystery of our Lord. We do not make this journey alone. The whole Church prepares for the celebration and together, along with those who are preparing to enter the Church at the Easter Vigil, we try to live more faithfully to God’s call to be merciful, loving, and compassionate to those around us. Our acts of love through sacrifice and prayer are a tangible witness of God’s love to those around us. 1. Spend some time in reflection about why you choose to participate in the prayer, fasting, and almsgiving of the Church during this Lenten season. Next time someone asks you why you aren’t eating the chicken on Friday in the lunchroom, you’ll be better prepared to share your belief in God who is merciful and compassionate.